Tanya nunca había visto a sus padres y vivió con su abuela toda su vida. Y un día, una mujer delgada y extraña apareció en su puerta…

Tanya era una chica muy delgada y no soportaba dormir sobre la estufa. Ahora es más fácil, pero entonces su abuela dormía a su lado, y no había sitio para nada. Tanya nunca había visto a sus padres. Sólo tenía a su abuela, y era muy estricta. Llevó a Tanya a primer curso. La niña estaba triste, porque todos a su alrededor estaban con sus padres, y ella estaba con una anciana. El único consuelo era que la profesora era amable. Se llamaba Iryna Antonivna.

Un día, la abuela de Tania invitó a sus amigas a casa. Elogiaron a la abuela de Nastia: “Qué buena mujer. La criaste, la educaste, la llevaste a la escuela, aunque todavía no sabes si es tu nieta”.

Tanya lo oyó todo, pero se hizo la dormida. Por la conversación de sus amigos, se enteró de que su madre estaba en la cárcel y de que su padre hacía tiempo que había fallecido. Tanya iba bien en el colegio, aunque tenía miedo de salir de clase para evitar las burlas de sus compañeros. Un día, Tanya volvió a casa y se disponía a almorzar cuando oyó el timbre de la puerta. Abrió la puerta. Una mujer delgada se plantó en el umbral: “¿Quién quiere?” “Tanya,

hija mía, cómo has crecido. Hasta te pareces a la lima de tu padre”. La niña se asustó mucho cuando la extraña mujer decidió abrazarla. Gritó y su abuela vino corriendo a escucharla. – “Abuela, ¿es mi mamá?” “Anda, nieta, vete a dar un paseo, que tengo que hablar con tu tía.

– ¿Puedo al menos abrazarla?”, preguntó lastimeramente la mujer. “No -contestó secamente la abuela Nastya-. Váyase, yo la crié desde los pañales y yo misma la curaré”. La mujer asintió y empezó a marcharse.

 

Pero Tanya no aguantó más: “Mamá, mamá”, gritó, y se arrojó a sus brazos. Se abrazaron largo rato, llorando. La abuela de Nastia tampoco pudo contener las lágrimas. Pero seguía sin permitir que su madre estuviera con su hija. Han pasado muchos años desde aquel momento. La vida de Tanya ha cambiado. Estudió muy bien, se graduó en la universidad, se casó y le dio un bisnieto a la abuela de Nastya. Un año después, su abuela murió. Y Tanya nunca se acordó de su propia madre. Parecía que aquel encuentro no era más que un fragmento incomprensible e innecesario de su vida.

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