Valya nunca pensó que conocería a su amor en una fiesta de empresa. Siempre se había mostrado escéptica ante este tipo de eventos. Pensaba que era una pérdida de tiempo. Pero aquella tarde de julio, cuando el sol del atardecer teñía el cielo de tonos escarlata, el destino decidió darle una sorpresa.
Esa noche, Valya llevaba un vestido ligero y precioso. Sorbía tranquilamente un mojito frío y miraba bailar a sus colegas. A ella misma no le gustaba bailar, y no sabía bailar. O viceversa.
De repente, un hombre alto se le acercó. No le había visto antes por aquí. Algún tipo nuevo o de otro departamento. Corpulento, guapo.
– Buenas noches -dijo con voz aterciopelada-. – Me llamo Andrei, soy contable, hace poco que he conseguido trabajo aquí. Y tú, por lo que veo, ¿te aburres sola?
Valya, un poco avergonzada, sonrió.
– No, no me aburro, sólo observo. Soy Valya, – le tendió la mano.
Andrei la estrechó con gusto.
– Vamos a conocernos. Ven a nuestra casa, ¿eh? Aquí bailamos.
Valya, vacilante, asintió. Ni siquiera sabía por qué había aceptado. De todas formas, no sabía bailar… Pero, por alguna razón, de repente le entraron ganas.
Valya asintió vacilante y empezaron a bailar. La música era lenta, romántica, y Valya empezó a relajarse. Rodeó el cuello de Andrei con los brazos y empezó a mecerse lentamente con él al ritmo de la música.
Sintió cómo sus manos la sujetaban con confianza y, de algún modo, se sintió más tranquila. Y no dijeron ni una palabra. Sólo se miraron. Pero Valya se dio cuenta enseguida de que le gustaría conocer a aquel hombre.
La velada pasó volando sin que nadie se diera cuenta. Valya y Andrei bailaron, hablaron, rieron. Andrei le contó que se había mudado a la ciudad recientemente. Le contó que era un gran admirador de la literatura y que a veces jugaba al ajedrez. Y Valya le contó que le gustaría alejarse del bullicio de la ciudad para ir al mar.
Unos meses después, los jóvenes empezaron a salir. Les parecía como si siempre se hubieran conocido. Tres años después se casaron. Pidieron una hipoteca para un piso en las afueras de la ciudad, ya que una casa junto al mar seguía estando fuera de su alcance.