Julien regresaba a casa por Navidad con un regalo para su esposa, Élodie, pero al llegar encontró su apartamento vacío y una nota: lo había dejado por otro. Hundido, pasó días en soledad hasta que su vecino, el señor Ferrand, lo animó a seguir adelante.
En enero, en una gasolinera, ayudó a una mujer embarazada llamada Claire a llegar al hospital. Ella, al verlo, lo confundió con su esposo desaparecido, Marc. Al visitarla después, Julien descubrió que Claire huía de Luc, un hombre violento, y que Marc había desaparecido misteriosamente. Investigando, Julien supo en su antiguo hogar de acogida que él y Marc eran gemelos idénticos separados al nacer.
Cuando Luc apareció, Julien fingió ser Marc y logró grabar su confesión: había empujado a Marc al río y huido. Luc fue arrestado, y Julien apoyó a Claire en rehacer su vida y criar a su hijo, Léo. Con el tiempo, el dolor compartido se convirtió en amor.
Un año después, en Navidad, Julien y Claire se casaron con Léo jugando junto al árbol. Julien, que antes no tenía familia, ahora tenía un hogar, y agradecía en silencio a Marc por haberlo llevado hasta ellos.