Antes de que comenzara la boda, la novia escuchó por casualidad la confesión del novio, y su venganza dejó a todos completamente atónitos.
La novia oyó la confesión del novio minutos antes de la boda. Su venganza sorprendió a todos. Valentina Miller sintió que le temblaban las piernas mientras se ajustaba el velo por última vez en la sacristía. En unos minutos, caminaría hacia el altar de la Iglesia de San Pedro, en el centro de Aspen, para casarse con Alexander Sterling, el hombre a quien había amado durante 3 años.
Fue entonces cuando oyó voces en el pasillo. La puerta estaba entreabierta y, al instante, reconoció la carcajada sonora del novio. Curiosa, se acercó lentamente para escuchar.
—Oye, ¿estás seguro de que esto va a salir bien? —era la voz de Julian, el padrino.
—Claro que sí, amigo. Valentina está locamente enamorada de mí. Después de que nos casemos, solo será cuestión de tiempo antes de que la convenza de darme poder sobre los negocios de su padre —respondió Alexander con una frialdad que ella jamás le había notado.
Valentina sintió que el mundo se le venía abajo. Se apoyó contra la pared para no caer. Y si sospecha algo, pregúntale a los otros padrinos. Dylan, Valentina es demasiado ingenua.
Cree que soy su príncipe azul. Cuando tenga el poder notarial, venderé algunas propiedades del viejo Richard. Ni siquiera lo notará. Está demasiado ocupado con sus empresas como para revisar cada documento que firma.
Las risas resonaron en el pasillo como puñaladas en el corazón de Valentina. Se llevó la mano al pecho, sintiendo el corazón desbocado.
Tres años de relación, tres años de planes. Todo era una mentira.
—¿Pero te quedarás casado con ella después? —insistió Julian.
—Por ahora, sí. Necesito acceso total a sus bienes. Después… bueno, los accidentes pasan, ¿no? —Alexander volvió a reírse.
[se aclara la garganta]
Y Valentina tuvo que taparse la boca para no gritar.
—Alexander, amigo… ¿hablas en serio? —Dylan parecía incómodo.
—Relájate, Dylan. No le va a pasar nada. Solo me divorciaré cuando tenga lo que necesito. Diré que nos distanciamos. Que no funcionó. Ella se quedará con el corazoncito roto, pero se le pasará. Las mujeres siempre lo superan.
Valentina se apoyó contra la pared, intentando respirar.
Le temblaban tanto las manos que casi se le cae el ramo de rosas blancas. ¿Cómo no se había dado cuenta? ¿Cómo había sido tan ciega?
—¿Y las deudas? —preguntó Julian en voz baja.
—Ah, esas las pago rápido con su dinero. Debo casi 200.000 dólares a la gente del casino. Se están impacientando, ¿sabes? Pero después de hoy, problema resuelto. Doscientos mil.
Casino.
Valentina nunca supo que Alexander apostara. Él siempre decía que trabajaba hasta tarde en la oficina de contabilidad. En realidad, estaba perdiendo dinero en el juego.
—¿Crees que alguien sospecha? —Alexander bajó la voz.
—Richard parece confiar en ti y la señora Patricia te adora —respondió Dylan.
La mamá de Valentina es fácil de engañar. Siempre quiso ver a su hija casada. Y el padre… bueno, es inteligente, pero está tan feliz de ver a su hija realizada que no sospecha nada.
Valentina cerró los ojos. Sus padres querían muchísimo a Alexander. Él sabía exactamente cómo comportarse frente a ellos: siempre amable, siempre servicial, siempre interesado en los negocios de la familia.
—¿Y si nos vamos ahora? —sugirió Julian, nervioso—. Todavía hay tiempo de cancelar todo esto.
—¿Cancelar? ¿Estás loco? Llevo planeando esto 2 años, desde que descubrí que Richard Miller vale más de 5 millones. Su hija es mi entrada a ese dinero.
Dos años. Lo había planeado durante dos años.
Valentina recordó cuando se conocieron en el centro comercial.