El hijo del millonario llevaba ya varios días gravemente enfermo y postrado en la cama, y nadie podía entender la verdadera causa, hasta que la empleada doméstica rompió el armario; lo que vieron allí dentro dejó a todos en shock.
El hijo del millonario llevaba varios días acostado en su cama y no podía explicar qué le estaba pasando.
Sus ojos estaban constantemente llenos de miedo y asombro, e incluso su propio padre se vio obligado a llamar con angustia a los médicos más experimentados.
Los médicos llegaron, trajeron el equipo más moderno, examinaron al niño y comprobaron su temperatura y el funcionamiento de todos sus órganos, pero no encontraron nada inusual: el niño estaba bien, no se observaba nada extraño.
Todo parecía normal, pero el niño no se calmaba.
Su rostro pálido no era consecuencia de una enfermedad, sino de algo que temía y no se atrevía a contar.
Los médicos ya se disponían a marcharse, pero en ese momento la empleada doméstica, que había ido a traerles agua, regresó y oyó un chirrido dentro del armario.
Al principio no le prestó atención y no dijo nada en voz alta, pensando que tal vez lo había imaginado.
Pero cuando oyó lo mismo por segunda vez, se acercó al armario e intentó abrir la puerta para entender qué había dentro.
Todos comprendieron que algo no estaba bien.
La empleada doméstica intentó abrir la puerta del armario, pero esta no cedía, como si alguien la hubiera cerrado desde dentro.
Lo intentó otra vez, y otra vez no lo consiguió.
Todos comprendieron que en el armario estaba ocurriendo