Neri Castillo le metió un golazo a Brasil en la Copa América 2007. Era capaz de humillar a cualquier defensa del planeta con un regate y se convirtió en el traspaso mexicano más caro de la historia. Pero de repente todo se derrumbó. Decisiones que marcaron su final, declaraciones que quedaron resonando en todo México y un carácter que lo condicionó a lo largo de su carrera.
Hoy Neri Castillo tiene 42 años. Vive en un suburbio al sur de Atenas en Grecia. tiene una tiendita de artículos de pesca y nadie lo tiene en cuenta en el mundo del fútbol. Esta es la vida actual de Neri Castillo y lo que estás por descubrir te dejará impactado. Para entender la magnitud de lo que vivió Neri Castillo, primero hay que entender quién era y de dónde venía.
Porque su historia no empieza en México, aunque haya nacido ahí, y no empieza en Uruguay, aunque ahí se haya formado como persona y como futbolista, y no termina en Grecia, aunque ese país fuera el único lugar del mundo donde Castillo encontró algo parecido a la tranquilidad. La historia empieza en las raíces enredadas de un hombre que nunca perteneció del todo a ningún lado.
Neri Alberto Castillo con Falonieri nació el 13 de junio de 1984 en San Luis Potosí. Su padre, Neri Castillo Farías, era un futbolista uruguayo que en ese momento jugaba en el Atlético potosino del fútbol mexicano. Así que el niño llegó al mundo en México por una cuestión de agenda.
Su padre estaba ahí, el contrato estaba vigente y la vida no espera a que uno elija donde nacer. Cuando tenía apenas 2 años, la familia regresó a Uruguay. Ineri creció en Montevideo, con acento charrúa, con la cultura del Río de la Plata en la sangre, jugando al fútbol en las calles de esa ciudad, donde el balón es casi una obligación desde que uno aprende a caminar.
Su padre le enseñó lo que sabía. Lo llevaba a entrenar en dos autobuses cuando no alcanzaba el dinero para el taxi. Lo acompañaba a cada práctica. lo formó no solo como futbolista, sino como persona. Ese vínculo entre padre e hijo sería el más importante de la vida de Neri Castillo y también el que más le costaría perder.
A los 15 años ingresó a las fuerzas básicas del Danubio de Uruguay. Ahí reveyó lo que tenía. Velocidad explosiva, regate imprevisible, instinto goleador innato. Era diferente a los demás chicos de su generación y los que lo miraban entrenar lo sabían perfectamente. Pero Neri Castillo nunca llegó a debutar en la primera división uruguaya.
El mundo lo reclamó antes de que Uruguay pudiera retenerlo. [resoplido] Mientras participaba con las fuerzas básicas del Danubio en un torneo en Brasil, varios casatalentos europeos lo vieron en acción y lo que vieron los convenció de inmediato. A los 16 años, Neri recibió una oferta del Manchester United, el club de Alex Ferguson, el más famoso de Inglaterra, ofreciendo contrato a un adolescente uruguayo criado en las calles de Montevideo.
era el tipo de historia que en el fútbol se cuenta pocas veces, pero no se concretó. Los problemas burocráticos con el permiso de trabajo cerraron esa puerta. El reglamento inglés no estaba diseñado para un chico de 16 años sin más pedigrí que unos partidos juveniles. La oferta se cayó y Neri encontró otro destino.
El Olimpiacos del Pireo, el club más ganador de la historia del fútbol griego, lo recibió en el año 2000. 7 años en el Olimpiacos, siete temporadas en las que Castillo se convirtió en ídolo, en figura, en uno de los atacantes más temidos de la liga griega. En total acumuló 135 partidos, 38 goles y 15 asistencias. Levantó siete títulos de liga y dos copas de Grecia.
No eran títulos de Champions Leageue, pero eran títulos reales. Ganado semana a semana en un campeonato competitivo con un jugador que demostraba consistencia, talento y amor por ese club. En esos 7 años, Castillo también recibió invitaciones para jugar con la selección de Grecia, el país que lo había adoptado, que lo aplaudía en cada partido, que le daba calor cuando Uruguay y México todavía no sabían bien qué hacer con él.
Pudo haber dicho que sí. Pudo haber construido una carrera internacional diferente, más tranquila, más cerca del club donde era feliz. No lo hizo. Siguió esperando la llamada correcta. Grecia lo adoptó. Él adoptó a Grecia. Sus padres incluso se mudaron ahí. La familia entera echó raíces en Atenas. Y en ese intercambio, Neri Castillo encontró un hogar que ninguna de sus tres patrias le había dado del todo.
Pero el fútbol tiene una manera particular de destruir lo que uno más quiere. Y Neri estaba a punto de aprenderlo de la peor manera posible. El principio del fin, la Copa América 2007, la cima y el precipicio en el mismo mes. El verano de 2007 fue el momento más alto de la carrera de Neriy Castillo y paradójicamente fue también el principio de su derrumbe.
Para entender por qué hay que saber la historia detrás de la historia. Durante años tres elecciones se disputaron sus servicios. México, donde había nacido, Uruguay donde se había criado y Grecia donde vivía y jugaba. Castillo tenía triple nacionalidad y triple posibilidad de representar a un país en el fútbol internacional.
A los 19 años ya había rechazado una primera invitación de México. Después llegaron los contactos de Uruguay y de Grecia. Fue Hugo Sánchez quien finalmente lo convenció. El técnico de la selección mexicana lo buscó, lo trabajó, le habló de la Copa América. de la proyección del proyecto. Castillo dijo que sí y México explotó de expectativa.
La Copa América de Venezuela 2007 fue su presentación al mundo con la playera verde. Marcó cuatro goles en el torneo. Le anotó a Brasil en el Histórico Triunfo de México por 2 a0. Le anotó a Paraguay. Fue figura indiscutible. El Tri terminó tercero en el torneo, pero Neri Castillo salió como el nuevo ídolo del fútbol mexicano, el delantero [carraspeo] que todos habían esperado, el crack que iba a cambiar la historia del tricolor.
Para dimensionar lo que mostró en esa Copa América, hay que entender el contexto. México llegó al torneo con una generación de transición sin la claridad que habían tenido otras camadas del tri y de repente apareció este delantero que nadie había visto jugar en México, que venía de una liga griega que poco seguían y que en cada partido dejaba al rival sin respuesta.
Velocidad, regate, definición, lo tenía todo. Simultáneamente, durante esa Copa América se oficializó su traspaso al sahtar Donetsk de Ucrania 20,0000 de euros. [resoplido] El mexicano más caro de la historia de ese momento. Dos noticias enormes en el mismo mes. Todo apuntaba al cielo. Lo que Neri Castillo contó años después sobre ese traspaso estremece.
Al terminar la Copa América, volvió a Grecia a descansar. Estaba en su mejor momento. Su esposa estaba embarazada. Amaba el Olimpiacos. No quería moverse de ahí. No le interesaba el dinero que pudiera ofrecerle otro club. Cuando bajó del avión en el aeropuerto de Atenas, había un ucraniano esperándolo. Era representante del Shtar.
Le dijo que el club había negociado con el Olimpiacos, que todo estaba arreglado, que solo faltaba su firma. Neri lo rechazó en el aeropuerto mismo y se fue de vacaciones a Santorini. El ucraniano lo siguió hasta Santorini en avión privado. El propio Neri lo contó con precisión en entrevista con el portal griego Fosonline.
Voy a Santorini, entro al hotel. Después de un rato me llaman que él es gerente y que quiere hablar conmigo con urgencia. Había venido a Santorini en un avión privado. El presidente del Shtar, Rinat Ahmetov, uno de los hombres más ricos de Ucrania, estaba dispuesto a pagar lo que fuera. Incluso le ofreció a Castillo una hoja en blanco para que el mismo escribiera la cifra que quería.
Castillo no encajaba en su idea de juego. En ocho partidos oficiales marcó un solo gol. El presidente había pagado 20 millones de euros por un jugador que no acumulaba ni minutos. Había otro factor que los medios tardaron en comprender. Neri no había querido llegar al Sahtar, lo habían presionado para firmar. Llegó a Ucrania con resentimiento, con nostalgia del Olimpiacos, con una herida que no cicatrizaba.
Y en el fútbol, cuando uno llega sin querer estar, eso se nota en cada entrenamiento, en cada partido, en cada gesto dentro del campo. El vestuario del sactar era un mundo ajeno, el idioma ruso o ucraniano, las costumbres distintas, la mentalidad de un club de Europa del Este que competía para ganar títulos, no para darle tiempo a un jugador mexicano a que encontrara su lugar.
[resoplido] Castillo empezó a pensar en la salida desde el primer mes y tomó la decisión más extraña y más humana de su carrera. Mi error fue pensar que si no jugaba bien allí, volvería más fácilmente. Se saboteó a sí mismo. Entrenaba mal a propósito. Rendía por debajo de sus capacidades deliberadamente. Pensó que si el Shtar veía que no funcionaba, lo devolvería al Olimpiacos, que todo volvería a ser como antes.